viernes, 2 de septiembre de 2016

La puta - Segunda parte

Como lo solicitaron aquí está el final de esta historia.

Capítulo 6


En la zona de la cocina, abrí una de las cenas de microondas que le había observado comprar antes y lo metí a calentar a máxima potencia. Sentí un escalofrío  al pensar que ahora estaba viviendo la fantasía; que en minutos la imagen que había visto  en mi mente sería real ante mis ojos.
Cuando estuvo lista la cena me senté en la mesa, crucé una pierna sobre otra y la llevé a mi boca con un tenedor. Estaba muriendo de hambre. Encendí la televisión portátil con el control y me puse a ver un programa de entrevistas.

Vaya fantasía de mal gusto era esta - vivir la solitaria vida de una puta - pero yo estaba viviéndola de lleno en este pequeño  y austero departamento. Era un sueño masoquista hecho realidad.

Cuando terminé la comida abrí el vodka y llené un molde de plástico grande que agarre en la alacena. Entonces me dejé caer de nuevo y continué viendo la televisión. No había nada más en; nada que pareciera satisfacerme como antes lo hacían  los programas de temas variados o de noticias. Nada me parecía más interesante. El canal E-Entertainment era todo lo que quería ver ahora. Vi un programa de principio a fin sobre gente común tratando de convertirse en cantantes profesionales. ¡Fue grandioso!
¡Todo eso fue genial! Fue interesante darme cuenta de lo profundo que había sido mi transformación. Adoré cada minuto del programa, mientras me iba poniendo más y más borracha y fumaba cigarro tras cigarro.

Como a las nueve de la noche al tomar mi paquete de cigarrillos encontré que ya estaba vacío. Gruñí. No había planeado volver a salir. Ahora iba a tener que hacerlo. No podía esperar hasta el amanecer sin cigarrillos.

Fui al mostrador donde la ramera había puesto el dinero que le había dado. No estaba allí. Fruncí el ceño y busqué  en las inmediaciones y en el piso. Se había ido. Ella debe haberlo tomado al salir; esa perra.

Miré a mi alrededor buscando el bolso de la puta - mi bolso. Debido a que estaba torpe por la borrachera me tomó un minuto poder agarrarlo. Cuando abrí el bolso tuve una sensación de hundimiento. Un sentimiento horrible. Abrí el cierre y observé que  sólo había treinta centavos en el interior. Nada más.

Busqué en el resto del departamento. No había nada más.

“Mierda”- Esto estaba muy mal. Tampoco había una tarjeta de débito. ¿esta puta siquiera tiene una cuenta bancaria?

Me senté de nuevo y traté de concentrarse en lo que estaba en la televisión pero yano pude mantener la atención. Dos canales tenían programas de noticias. Uno tenía un documental sobre la Segunda Guerra Mundial o algo así  y el otro canal no era más que estática. Además de eso yo estaba desesperada por una fumada. Eso me puso inquieta. Al final desconecté el televisor.

Yo necesitaba más cigarrillos. Ni siquiera sería capaz de calmarme para dormir  sin uno.

No había nada que hacer. Tuve que salir. Tenía que encontrar a algún tipo que me cogiera para tener suficiente dinero.

¿Pero era esto lo que realmente quería? ¿Realmente había llegado a esto? ¿Estaba lista para prostituir mi cuerpo para conseguir un paquete de cigarrillos? ¿Había adquirido las adicciones y la falta de orgullo  de la puta  como para hacer esto?

Pensé en ello durante un minuto.

Así era.

Estaba desesperada. Estaba tan desesperada como para darle una mamada a quien fuera para obtener una sola  fumada.

Y después de todo, ¿no era esto lo que quería?  ¿No era ésta la razón por la que me convertí en una puta? ¿Para coger con un hijo de puta peludo y grasoso para no estar sin dinero?

Sí lo era.

Y ahora iba a hacerlo. Iba a salir y encontrarme a alguien para fornicar.


Capítulo 7

El armario era un tubo montado en la pared con cortinas - nada más que eso.

Había zapatos apilados en el suelo. La mitad de ellos se veían viejos y gastados. No parecía haber ningún par de  zapatos cómodos. Elegí un par de tacones altos negros. Esos eran los menos rayados y yo quería mostrar mis piernas tanto como fuera posible.



Saqué una minifalda de cuero negro  y un top de tirantes y me los puse. Los tacones me quedaban perfectos. Me levanté y noté que no tenía ninguna dificultad para caminar en ellos. ¿Por qué habría de tener problemas? Yo estaba acostumbrada a esto. Salí
casi todas las noches caminando por las calles en ellos.

Me pavoneaba por la habitación  de un lado a otro. Entonces trabajé en  mi maquillaje en el espejo del inodoro.

Me veía como una ramera real. Era irresistible. Era una pena que estuviera empezando a envejecer. Recordé los viejos tiempos cuando empecé a aceptar clientes. Yo atraía todas las miradas. Oh si. No había ningún hombre que se me pudiera resistir.

¡No! Espera.. ¿Eso era correcto?

No, no lo era. No estaba bien. No siempre había sido así. yo era una persona respetable de clase media. Yo no era una sucia ramera - No normalmente. Esto era temporal solamente.

Puse mis manos en mis mejillas y me miré en el espejo. “Enfócate”-me dije -“ No soy realmente una zorra. Es sólo temporal. Es sólo el Golden Bloom, reajustando mis memorias.  Mi nombre real es Susie Smith".

Me quedé mirándome y entonces  murmuré la palabra -“No"

"Ese no es mi nombre. Mi nombre no es Susie Smith. Es Verónica Simpson. Lo cambié a Susie porque Verónica no era suficientemente atractivo y yo no quería que mamá  se diera cuenta de que yo era un prosti".

Cerré los ojos. Eso no estaba bien tampoco. Estaba seguro de que no lo estaba.

Era tan difícil concentrarme mirando esa cara en el espejo. ¿Cómo podría concentrarse en volver a mi identidad real si esa persona me miraba fijamente en el espejo?

Yo no era una prostituta. Yo era un empleado de oficina. Me concentré duro, haciendo un esfuerzo en recordar a mis compañeros de trabajo; mi pareja; mi hijo adolescente. Este estaba funcionando. Iba a estar bien.

La necesidad de un cigarrillo lo estaba haciendo  difícil. Todo mi cuerpo estaba a tope. El licor no me estaba ayudando tampoco. A este paso nunca iba a ser capaz de enfocar mi mente lo suficiente como para cambiar de nuevo a mi cuerpo real en el mañana.

Me sequé los ojos y me di la vuelta para que mi trasero pudiera posarse en el borde del lavabo.

Lo que necesitaba era conseguir un nuevo paquete de cigarrillos. En cuanto me relajara, sería capaz de concentrarme más. Eso era lo que tenía que hacer.

Esto me había sacudido. Yo  suponía  lo que iba a suceder, pero  la inmersión total era mucho más aterradora de lo que esperaba. Me hizo dar cuenta de lo peligrosa que era mi situación. Debía terminar esto. Debía terminar con esto  tan pronto como fuera posible.

Obtener los cigarrillos y volver de nuevo a la normalidad en el momento en que pudiera concentrarme correctamente. Eso era lo que tenía que hacer.

Pero, por supuesto, para conseguir los cigarrillos tenía que encontrar a alguien que me cogiera por dinero. Eso me asustó demasiado. ¿Qué pasa si me pierdo en la experiencia?¿Y si no podía encontrar mi camino de regreso?

Pero tenía que hacerlo. Después de hacerlo podría comprar los cigarrillos y conseguir poner mi cerebro en orden. En ese momento se me habría pasado la borrachera.

Y me recordé que era tonto detener  esta experiencia antes de haberla explorado completamente. Si hacía esto - tenía relaciones sexuales antes de volver - al menos podría sentir que había explorado la experiencia adecuadamente.

Pero miré a mi nueva cara en el espejo de nuevo. Miré a mis grandes tetas y los hombros redondos lisos. Miré hacia abajo a la expuesta cintura carnosa, a las largas piernas desnudas con tacones altos.

No sabía a quién engañaba. Todo mi ser quería salir allí y coger a un hombre grande y peludo.

Nada más importaba.



Capítulo 8


El viento me enfriaba las piernas, los hombros y el pecho. Mi pelo cubría mi cara y seguía hacia abajo en la espalda. Crucé los brazos.

No había querido que llevar un abrigo. Entre más atractiva fuera, más rápido podría acabar. Cuanto más carne mostrara, más atractiva sería. Así funcionaba.

Una vez dicho esto, sentí un  extraño escalofrío por estar caminando por las calles, en busca de un hombre para tener sexo. Sentarme en el departamento de  la puta y comer su alimento había sido una cosa; mirar su cara en el espejo había sido otra. Pero esto era real. Era realmente una prostituta. Más que nada - más que el acto en sí - esta vez  andar deambulando por la noche era lo
más cerca que estaba de llegar a vivir el sueño.

Pasé casas con las luces encendidas. Las familias estaban comiendo su cenas o viendo la televisión. A través de las ventanas abiertas pude escuchar la risa y la charla. Mi domicilio anterior había sido mucho más elegante que el de estos  cobertizos, pero aún así, las interacciones que ocurían en el interior eran similares a mi antigua vida. Me burlé de ellos al pasar. Yo ya no era uno de ellos. No me importa una mierda lo que ello pensaran. No tenía que cuidar de nadie más que a mí misma. Yo era libre. Y yo no era una de las mojigatas  y frígidas amas de casa. Yo no era una reprimida. El sexo era sólo otra manera de hacer dinero para mi. Eso era todo.

Crucé y caminé por la siguiente calle. Fue un desvío, porque aún estaba bastante tranquilo y yo estaba esperando más tráfico. No había visto ni un solo coche todavía.

Un par de faros aparecieron en la distancia. Me puse en una posición sensual y esperé.

Los faros se acercaban. Mis nervios comenzaron a crecer. Hubiera querido tener un cigarrillo, pero no lo tenía.

Hice que mis dientes formaran una sonrisa.

El coche estaba a menos de  veinte metros de distancia ahora.

Iba más lento.

Puse las manos en mis caderas.

El coche se detuvo junto a la acera y se detuvo. Era un Mercedes.




La ventana electrónica zumbó y bajó. El conductor se inclinó hacia mi. Tendría unos cuarenta años probablemente, pero guapo con pelo negro rizado pelo y gafas de media luna. Era mi noche de suerte.

“¿Buscas pasar un buen rato?”- Dije.

-“Acércate. No puedo verte bien en la oscuridad."

Lo hice. Mientras me acercaba a la luz, incrementé mi sonrisa. Estaba deseando ser cogida por este hombre. Él tenía buen aspecto y claramente tenía dinero. Me podría dejar una gran propina.

Pero cuando vio mi cara en la luz, la sonrisa en su rostro se perdió. Miró hacia abajo a mis tetas y mi barriga y se retiró rápidamente.
"Lo siento”- dijo- “Me equivoqué.”

Aceleró el poderoso motor y se apartó.

“¡Maldito puto!”- Le grité agitando el puño.

Él no se vería mucho mejor si también hubiera estado caminando por las calles los
últimos quince años como yo lo había hecho.

“¡Maldito puto!" -Grité.

El coche giró en la esquina y desapareció. Una mujer abrió las cortinas de su casa para mirar lo que estaba pasando. Le levanté mi dedo medio y luego me fui.



Capítulo 9


No fue sino hasta una hora y media más que me encontré a alguien más que quisiera cogerme. Yo ya me estaba congelando.

Yo  estaba  un camino corto en una calle lateral, apoyada en la pared de un cementerio, frotando la parte posterior de los brazos para mantener el calor, cuando oí un motor en la carretera principal. Sintiéndome desesperada, caminé tan rápido como pude en mis talones a la intersección. Mi carrera fue torpe y descuidada, dejando todo sentido de equilibrio en el olvido. Una de mujer de mediana edad que estaba paseando a su perro me vio e hizo un sonido reprobatorio con su lengua, pero eso no me importa una mierda. Se veía que ella era una perra engreída. Ella no tenía ninguna puta pista de cómo eran las cosas para una mujer como yo.

Había una camioneta en la calle que se dirigía  hacia mí. Hice mi mejor esfuerzo por lucir atractiva. Disminuyó la velocidad mientras se acercaba. Los rechazos anteriores habían opacado mi confianza, pero me obligué a lucir lista para  una buena cogida.

La camioneta se detuvo. La ventana bajó haciendo un chillido ondulante. Era operada manualmente. El conductor se arrastró hacia el asiento más cercano  a mi.
-“Hola cariño“ -Le dije.  Era un hombre grande y gordo con el pelo lacio y una papada doble sin afeitar.

Hice todo lo posible para mantener mi expresión agradable, a pesar de que me había disgustado. Tenía que conseguir algo de dinero; tenía que conseguir esos cigarrillos. “¿Buscas compañía?”- le dije y le guiñé un ojo.

"Sí. ¿Tú te ofreces?”

Miré su estómago hinchado y su cara peluda y entonces asentí. "Si tienes el dinero, sí".

-“¿Vives por aquí?"

Señalé. -“Justo ahí"

-“Voy a estacionarme. Espera."

Se deslizó de nuevo al asiento del conductor y puso la camioneta en posición para estacionarse mientras yo estaba en la acera esperando; me preguntaba si esto era en realidad lo que quería. ¿De verdad estaba tan desesperado por una fumada?

El problema era que yo estaba así de desesperada. Había intentado dejar de fumar cien veces y nunca pude. Nunca había tenido un período sin fumar por más de tres días desde que tenía doce años de edad. Era tan parte de mí como ahora lo era prostituirme. Nunca había conocido nada diferente.

No sabía por qué estaba preocupada. Había tenido muchos hombres más gordos y peludos cogiéndome antes. Esto era lo de siempre. Una vez que tuviera el efectivo,  sería capaz de comprar algunas buenas cosas - tal vez suficiente para aguantar hasta el final de la semana.

Me acerqué a la camioneta mientras este tipo salía. Me sonrió.-“¿Cual camino?"

Puse mi brazo alrededor de él. -“Por aquí cariño. Ven conmigo."



Capítulo Final


Lo conduje hasta mi departamento y le dejé entrar a primero.

Tenía la ropa sin lavar. Estas apestaban a grasa. Mi nariz parecía notarlo más sobre todo ahora que estaban en el interior. Sus pantalones estaban apretados alrededor de su culo, la curva superior de cada glúteo  era visible. Este era el precio que tenía que pagar para hacer mi trabajo ¿No es así? Y yo sabía que no podía hacer otra cosa. Lo había intentado suficientes veces. Ellos ni siquiera me quieren para trabajar en restaurantes de comida rápida y  por la forma en que hablaba, no pude conseguir nada en una tienda. No. Era esto o nada.

Pero ... eso no estaba bien. ¡Me estaba perdiendo a mí mismo! ¿Cuánto tiempo había pasado ahora, creyendo que realmente estaba esta puta? ¿Con qué profundidad sus recuerdos y pensamientos habían sobrescrito a los míos? ¿Tenía tiempo suficiente  para tener relaciones sexuales, ir de compras y volver con los cigarrillos que necesitaba para calmar mis nervios antes  de que el cambio se hiciera permanente? Tal vez debería deshacerme de él e intentar de nuevo cambiarme por mi cuenta.

Lo miré. Se estaba quitando su camisa sudada. La dejó caer sobre
el suelo a los pies de mi colchón. "Date prisa. Mi esposa va a querer saber en dónde estaba si no hacemos esto rápido ".

"Er ... ¿Te molestaría si después de todo no hacemos esto?”-Dije con timidez.

“¿Qué dices?”- La expresión agradable dejó su rostro.

De repente me sentí muy nerviosa. -“Er... he cambiado de opinión. No quiero hacer
esto.”

Él gruñó, sin dejar de quitarse sus pantalones. "No te puedes arrepentir ahora perra estúpida. Te voy a pagar por esto ".

-“Por favor."

Dejó caer sus pantalones alrededor hasta sus tobillos y se los quitó. -“¿Tú eres una puta o no? "

-“Sí."

“¿Qué? No te escucho”

"Sí. Soy una ramera".

-“Entonces vente aquí carajo y vamos a hacerlo"

Levanté mis manos y las puse delante de mí.-“Por favor. No quiero hacer esto."

Se me abalanzó y me agarró de la muñeca. -“Pues lo vas a hacer puta.”

Grité mientras me aventaba. Me tropecé, perdiendo el equilibrio caí sobre el colchón con  mis manos y rodillas.

El hombre se me acercó por detrás. Me di la vuelta para mirar aterrorizada  lo que estaba haciendo. Esto no era lo que quería. Yo ya no quiero ser una prostituta. Metió la mano en su pantalón y sacó su grueso miembro. Entonces se colocó justo detrás de mí y me bajó  mi falda  con todo  y mi ropa interior hasta llevarlas  alrededor de mis muslos.

Grité, pero de repente me sentí excitada, sorprendida de mí mismo. A pesar de todo, yo deseaba esto.

Oh sí. Quería que me cogiera.



¡No! ¡Eso no estaba bien! Yo no era una puta.

Me apretó las nalgas dolorosamente. Sí. Así era como me gustaba.

“¡¡Házmelo!!”- le dije.

“Claro que lo haré”, gruñó y empujó su pene en mi interior.



Dí un grito ahogado mientras el empujaba dentro y fuera, y con cada movimiento sentía que caía más y más en estos nuevos impulsos, no naturales.

El Golden Gloom estaba tomando control otra vez, acabando con mis viejos recuerdos - borrando mis deseos originales.

Había cometido un error. Había sido un tonto en pensar que podía controlar esto.

Estaba perdiendo de vista lo que yo era. Se me olvidaba que yo no era una puta.

De repente supe que esto era todo. Si no detenía esto nunca sería capaz de hacerlo. Yo estaría atrapado en este pequeño departamento escueto por el resto de mi sórdida vida. Que nunca conseguiría alejarme. Sería una prostituta por siempre.

Traté de liberarme, pero el hombre me mantuvo en su lugar con sus enormes brazos. Me nalgueó muy duro en el culo, lo que me hizo gemir del placer mezclado con dolor.

Después de todos estos años la mayoría de los tipos de relaciones sexuales ya no significaban mucho para mí. Era sólo un trabajo. Pero ser follada por detrás por un tipo grande como este ogro todavía me encendía. Me tenía tan caliente. Me encantaba.


Me masajeaba las nalgas con sus enormes manos peludas. Con cada embestida dejaba salir un gruñido animal. Con cada metida, yo gritaba mientras el placer seguía aumentando  constantemente.

"Oh, sí. ¡Házmelo grandote! ¡Sí!"

-“¡Eres una maldita putita! No eres más que una puta!"

-“Oh, sí. Eso me gusta. ¡Métemela! ¡Cógeme!”

-“¡Eres una puta callejera! ¡Una puta! ¡Una  zorra barata!”

Él se retiró y me volteó, dejando  mis rodillas desnudas apuntando hacia su cintura. Luego me metió su verga de nuevo.



No me podía mover. Su cuerpo pesado y apestoso me inmovilizó por completo. No podía escapar.

Era muy tarde. Demasiado tarde.

Nunca iba a escapar.

Nunca iba a ser capaz de volver a mi antigua vida.

Nunca debí de haber invocado el Golden Gloom.

No había manera de vencerlo. No hay forma de escapar.

Se había borrado mi antigua vida y ahora estaba atrapado en esta nueva vida provocativa.

El hombre empujó su miembro en mi una última vez rugiendo de placer, mientras yo gritaba.

Estaba tan caliente.

Lo amaba tanto. La degradación. La pérdida de poder.

Esto era lo que quería.

Esto era lo que yo era.

No había nada más.

Y me encantaba.

Lo hice bien y él me dio todo el dinero que necesitaba para vodka y cigarrillos.

Yo era una puta. Eso era todo lo que yo era. ¡Nada más que un estúpida puta barata!

Y siempre lo sería.

FIN

2 comentarios:

  1. Tus historias son de lo mejor esta me encanto espero continúes escribiendo eres lo máximomáximo, espero pronto continúes la historia moneda mágica, y espero no tardes en publicar, eres fantástico

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  2. Hola que tal llevo mucho esperando la tercera parte de la moneda mágica por favor continuala esa y muchas de tus otras historias por favor me encanta tu Blogger

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